Etiquetado Frontal de Alimentos en Argentina

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La Ley de Promoción de Alimentación Saludable, o ley de etiquetado frontal, ya es una realidad en Argentina. Sin embargo, los consumidores deben seguir prestándole atención a los rótulos de los alimentos, en especial a la lista de ingredientes. La ausencia o presencia de sellos de advertencia, no siempre indicará que un producto sea o no sea saludable. En este artículo voy a comentar algunas contras de la ley, estrategias y «trampas» que puede usar la industria para evitar colocar sellos de advertencia en sus productos ultraprocesados y que parezcan más saludables antes los ojos de los consumidores.

Antes de seguir leyendo, te invito a realizar la siguiente encuesta para que cuando termines el artículo veas si podes ser víctima de estas estrategias o sos un consumidor inteligente.

Considero que los sellos de advertencia del etiquetado frontal son una medida necesaria, pero no suficiente para que los consumidores identifiquen correctamente productos saludables. La ley es incompleta y necesita complementarse con educación alimentaria.

La gran mayoría de los consumidores no sabe identificar correctamente un producto saludable según su rótulo. Muchos se dejan guiar por la marca, por leyendas en el envase, el color verde o la información nutricional complementaria o «CLAIMS» (Light, Bajo en Sodio, Sin azúcar, etc). La ley de promoción de alimentación saludable debe ser acompañada con educación alimentaria, de otra forma los consumidores se van a dejar guiar por la ausencia/presencia de sellos para determinar si un producto es o no saludable cuando esto no es necesariamente así.

Como un buen inspector de alimentos, en los últimos años he visto como varios productos muy populares han sido reformulados y lamentablemente, para mal. No desde el lado del desarrollo del producto, sino nutricional. Productos diluidos, con menor cantidad de alimento real y más aditivos alimentarios para compensar las pérdidas organolépticas.

Un ejemplo es el siguiente producto, se trataba de un jugo de naranja a base de concentrado, con una lista de ingredientes noble, 100% jugo.

Puede hacerte ruido el «a base de concentrado», pero no es nada malo ni raro, básicamente evaporan un poco el agua del jugo para que sea más fácil de transportar y se conserve mejor. Luego le vuelven a agregar el agua que le sacaron al momento de embotellar.

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Volviendo al tema, el producto desapareció del mercado para ser reemplazado por otro con 50% de jugo de naranja, azúcar, colorantes y otros aditivos alimentarios.

Pero eso no terminó ahí, luego de un tiempo la versión de 50% también fue discontinuada y reemplazada por una con 25% de jugo de naranja y todavía más cantidad de aditivos alimentarios.

Esa reformulación, ya era más agua que jugo, entonces contenía más colorante, aromatizante, acidificantes entre otras cosas para que se siga pareciendo a un jugo.

Además, tuvieron que hacer un cambio en el diseño del envase ya que, según el código alimentario argentino, para que pueda conservar la foto de la fruta el producto debe tener como mínimo 50% de jugo de la misma. Como pueden ver en la imagen debajo, el cambio fue sutil para pasar lo más desapercibido posible ante los consumidores.

Y por último, a comienzos de este año 2022 me encontré con otra versión aún más diluida, con 20% de jugo. Por ahora convive en las góndolas con la versión de 25%, pero aspira a reemplazarla.

Te invito a comparar la lista de ingredientes del primer producto presentado, el de 100% jugo, con la de la última versión mostrada debajo… Lo peor es que los precios no bajaron, estamos pagando lo mismo o más por productos menos nutritivos desde el punto de vista de la calidad del alimento, con menor cantidad de alimento real y más «porquerías».

Según mi hipótesis, con la ley de promoción de alimentación saludable va a suceder algo similar… Las empresas van a buscar eliminar o reducir la cantidad de sellos de advertencia de sus productos para que parezcan más «saludables» y para ello comenzarán a modificar las fórmulas, a reformular productos, diluyéndolos y agregando aditivos alimentarios, quedando en los límites de la ley para colocar sellos de advertencia.

Obviamente, cuando compramos unas papas fritas tipo snack, un alfajor o un chocolate ya sabemos que no es algo sano. Sin embargo, muchas personas compran una barrita de cereal, un alfajor de cierta marca o un queso untable «light» porque están categorizados como «saludables».

En el sitio web del ANMAT hay disponible una calculadora para determinar que sellos de advertencia debería tener un producto según su tabla nutricional.

Por ejemplo, si simulamos el etiquetado frontal para este producto quedaría de la siguiente manera:

Una posible reformulación podría ser la mostrada a continuación, si lo pasamos por la calculadora del ANMAT no tendría ningún sello. Habría que analizar si es viable organolépticamente, pero parecería más saludable ante los ojos de los consumidores.

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Si comparamos las dos versiones, podemos ver que la nueva no tiene sellos de advertencia, tiene una «mejor» tabla nutricional, presenta menos calorías, grasas, hidratos, todo. Sin embargo, la lista de ingredientes es larguísima y con poco alimento «real».  Básicamente es un queso untable diluido lleno de aditivos alimentarios. Entonces, ¿es más saludable por no tener sellos de advertencia? Por lo menos para mi, que busco una alimentación lo más real posible, no.

Por otro lado, el 20 de agosto comenzó a regir la ley de etiquetado frontal. Sin embargo, seguro ya notaste que en las góndolas hay productos que deberían tener sellos de advertencia, pero no los tienen.

Esto puede ser por varias razones, por ser un remanente de stock, que hayan sido envasados antes de que comience a regir la ley, ya estaban en la góndola pero tienen una fecha de vencimiento larga o por una solicitud de prórroga.

Hasta el 20 noviembre 2023, fecha donde todas las empresas deberán cumplir con lo establecido por la Ley de promoción de la alimentación saludable, vamos a convivir con productos con y sin sellos del etiquetado frontal.

Insisto, hay que seguir leyendo los rótulos de los alimentos, no dejarse llevar solamente por la presencia/ausencia de sellos de advertencia, ya que pueden existir productos que deberían tener sellos, pero no los tienen.

Otro inconveniente es que las condiciones para colocar los sellos de advertencia no son idóneas. Por ejemplo, en esta primera etapa, el sello de «EXCESO EN AZÚCARES» se coloca cuando la cantidad de azúcares añadidos aporta más del 20% de las calorías totales del producto.

Y el sello de «EXCESO EN GRASAS SATURADAS» cuando estas aportan el 12% o más de las calorías totales. Pueden hacer que la cantidad de azúcares añadidos aporte exactamente el 20% de las calorías, o el 19%, y el producto ya no llevaría el sello de advertencia.

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Además, esto penaliza a los productos con un bajo valor energético, ya que una pequeña cantidad de azúcares añadidos o grasas saturadas puede significar un porcentaje de las calorías suficiente como para colocar los sellos.

Hay más cosas para debatir sobre la ley de promoción de alimentación saludable, pero creo que lo importante para que no te relajes y le prestes atención a los rótulos, quedo claro.

Espero haberte hecho pensar sobre la utilidad del etiquetado frontal en Argentina. Estoy realizando una investigación para mi tesis de grado sobre este tema, si te pareció interesante y quieres poner a prueba a tus conocidos te agradecería que les hagas hacer la siguiente encuesta.

¡Bueno, hasta acá el artículo de hoy! ¡Espero que te haya gustado, nos vemos en el siguiente!

¡Saludos!

Crok.

4 comentarios en «Etiquetado Frontal de Alimentos en Argentina»

  1. Muy interesante el artículo.

    Con respecto a la normativa (y teniendo en cuenta la coyuntura en Argentina) La ley no esta promoviendo una alimentacion saludable, sino como vos decis, que muchos productos se modifiquen a raíz de intentar cumplir con la ley y no obtener una imagen negativa que le afecte las ventas. La ley debería partir por la educación en las escuelas.
    Si estoy de acuerdo que puede ayudar a las personas con enfermedades (diabetes, hipertensión, etc) a identificar mejor los productos, sin embargo esas personas están acostumbrados a mirar los rótulos nutricionales (y no creo que es el fin transmitido por la ley, o por lo menos no se comunica correctamente eso puntualmente).

    Gracias. Saludos y exitos
    Ing. Baires Marcos

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  2. Es un problema, ya que a los alimentos que ya son procesados y con aditivos y que medianamente se pueden consumir, con esta ley le van a sacar aún más calidad al producto poniéndoles más aditivos, colorantes etc por el simple hecho de que no se marque con una etiqueta negra
    Indignada
    No se que es peor si el remedio o la enfermedad
    Me entristece muchísimo

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    • Es lo que temo! Ojo, no estoy en contra de los aditivos alimentarios, está más que demostrada su utilidad y hay muchos nuevos desarrollos que me parecen excelentes. Si se hacen reformulaciones con el fin de hacer realmente el producto más saludable, bienvenido sea. De lo que estoy en contra es del uso y abuso en reformulaciones para «verle la cara» a los consumidores por esta nueva medida.

      Saludos!

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